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A pesar de su distancia geográfica, Seattle, Washington, y La Habana,
Cuba, comparten culturas vibrantes y experimentales de diseño
gráfico que a menudo encuentran su mejor expresión en su diseño
cartelístico distintivo. La exposición de carteles Seattle-La Habana
es una selección de más de 40 carteles impresos en serigrafía que
comparten temas culturales tales como música, cine, teatro y otros
eventos artísticos. Los artistas incluyen una serie de talentos,
desde
Eduardo Muñoz Bachs
(1937-2001), uno de los más famosos
diseñadores cubanos de carteles de la época moderna, hasta graduados
recientes de la escuela de diseño de La Habana, el Instituto
Superior de Diseño. Estos carteles de diseñadores cubanos han sido
apareados con la obra de diseñadores de Seattle, desde artistas
reconocidos como
Art Chantry
y
Jeff Kleinsmith, hasta obras jóvenes
y prometedoras de
Micah Barrett,
Johann Gomez y
muchos otros. Tras
su debut en Bumbershoot, la exposición de carteles Seattle-La Habana
viajará a La Habana en 2008, donde será exhibida en el Centro de
Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV) y será compartida con
diseñadores cubanos a los cuales se les prohíbe viajar a los Estados
Unidos. Los carteles de Seattle se quedarán en La Habana, como
regalo de los diseñadores de esta ciudad a la colección permanente
del CDAV.
La Exposición de Cartel Seattle-La Habana es un esfuerzo
colaborativo entre cuatro curadores, dos con sede en Seattle y dos
con sede en La Habana. En Seattle,
Jacob McMurray,
Curador Senior del Experience Music Project y
Daniel R. Smith,
Director Creativo del Starbucks Coffee. En La Habana,
Pedro
Contreras Suárez del
Centro de Desarrollo
de las Artes Visuales, y
Pepe
Menéndez, Director de Diseño,
Casa de las Américas.

¿Por qué Seattle y La Habana?
La primera vez que viajé a La Habana resulté inspirado por el gran trabajo de los artistas, diseñadores y curadores que conocí, dado especialmente sus medios muy limitados. Los EE.UU. tienen una enorme presencia en la vida cubana, nuestro embargo exacerba su pobreza mientras que una omnipresente propaganda gubernamental arremete contra Bush y los EE.UU. A pesar de todo ello, fui recibido calurosamente por todos aquellos a quienes conocí. Los cubanos separan lo personal de lo político, y me sentí personalmente responsable de contrarrestar la imagen negativa sobre los Estados Unidos y los estadounidenses que es presentada en la propaganda. Mis interacciones se convirtieron en una especie de embajada en pequeña escala. Sabiendo que el país está lleno de talento desconocido en los Estados Unidos, y que cualquier cosa que yo hiciera marcaría una diferencia a nivel personal, me sentí con poderes para actuar. Al conocer a diseñadores y visitar imprentas, la calidad e inventiva del cartel cubano en serigrafía me llamo la atención. Me hizo recordar la popularidad—en realidad el resurgimiento—de ese mismo medio en Seattle y la idea de una exposición común nació. La gente en ambas ciudades estaba entusiasmada con la posibilidad y dedicaba su valioso tiempo y conocimientos para hacer que esta exposición fuera una realidad.
El propósito de esta exposición no es sólo proporcionar una bien merecida vitrina a diseñadores de Seattle y La Habana, sino establecer un diálogo constructivo entre nuestras dos ciudades. Mientras más viajo, más claramente percibo que las personas tienen la capacidad de compartir algo valioso, algo intangible pero necesario entre comunidades separadas. No es posible sobreestimar el efecto de ola del simple acto de compartir. Uno de mis objetivos es que los diseñadores de Seattle y La Habana no solo estén hablando entre sí, sino que utilicen su obra como iniciadora de una conversación mas profunda. Bumbershoot es la sede inicial perfecta para esta exposición, nuestra ciudad la verá, quizás por accidente, y quizás inspirará a otros. Me enorgullece decir que el próximo año la exposición viajará a La Habana y será expuesta en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV). En este espacio de arte contemporáneo recientemente renovado, ubicado en el corazón de La Habana Vieja, la exposición será asequible a todos, cubanos y turistas por igual. Todos los carteles de Seattle que participen en la exposición permanecerán en Cuba, un regalo importante de la ciudad de Seattle para la colección permanente del CDAV y la gente de La Habana.
Daniel R. Smith
Seattle, EE.UU., julio de 2007

Historia de dos ciudades
He pasado la última década concentrando mi miopía en la presentación
visual de los escenarios musicales del Pacífico noroeste, habiendo
comenzado a principios de los ’90 yendo a shows en el Hotel OK, en
Off Ramp y en RKCNDY y viendo esos fabulosos volantes fotocopiados
de 11x17” en los postes de teléfonos. Ya en 1994 una prohibición de
colocar carteles en toda la ciudad mantuvo a Seattle bajo su feo
control, pero al igual que en otras situaciones de opresión, alguna
belleza salió de allí. En el caso de Seattle fue la explosión de los
carteles en serigrafía. Los volantes pueden haber estado prohibidos
en los postes telefónicos de la ciudad, pero los cafés y tiendas a
menudo los cuelgan en sus vidrieras, especialmente sin son
agradables y bonitos y en serigrafía. Clubes como Moe’s
Mo’Roc’N’café comenzaron a encargar carteles en serigrafía para
muchos de sus shows. Los partidarios incondicionales del cartel Art
Chantry, Jeff Kleinsmith y un montón de dibujantes de historietas,
diseñadores gráficos, ilustradores y otros inundaron todo para
llenar la necesidad del arte del cartel, creando miles de bellas
imágenes, diseños de carteles que a menudo eclipsaban a las bandas
que intentaban anunciar.
En la actualidad tenemos comunidades globales de carteles, como
Gigposters.com., donde usted puede ver miles y miles de carteles de
igual número de artistas. Durante una década anterior a este
fenómeno, la escena de carteles de Seattle fue floreciente,
innovadora y en desarrollo. Los diseñadores de carteles de la ciudad
hoy en día se nutren de esa larga e histórica tradición local y al
propio tiempo absorben todo lo que está sucediendo con los carteles
en todo el mundo. Hay más diseñadores de carteles creando
activamente una obra asombrosa en Seattle en este mismo momento que
en todo el siglo pasado.
Cuando Daniel Smith me invitó a compartir con él la curaduría de
esta exposición, me entusiasmó la posibilidad de comparar una ciudad
con una escena cartelística tan vibrante como Seattle con otra que
es legendaria en el mismo aspecto. Sentía curiosidad por lo que
encontraríamos al comparar no solo la obra visual de Seattle y La
Habana, sino cuestiones más profundas:
¿Cómo han evolucionado estas dos ricas tradiciones? ¿Cuáles son las
limitaciones tecnológicas asociadas a la serigrafía en las dos
ciudades?
¿Para qué tipo de eventos se crean carteles? ¿Cuáles son los tamaños
usuales de los carteles? ¿De dónde se toma la inspiración? ¿Hay
vectores estilísticos localizables en cada ciudad o quizás incluso
entre ambas? ¿Cuál es la actitud de los municipios respectivos hacia
los carteles en espacios públicos? ¿Veríamos más diferencias que
similitudes?
Las respuestas a muchas de estas preguntas fueron sorprendentes y me
hicieron percatarme de que mientras los residentes de Seattle/La
Habana han oído cuentos de La Habana/Seattle (unos pocos elegidos
quizás han estado allí), la mayoría de la gente sabe muy poco más
allá del Ché y de la Aguja Espacial. La Exposición de Carteles
Seattle La Habana al nivel más elemental es una exposición de arte
visual reveladora, pero en un plano más profundo juega un rol de
embajador al acercar un poquitico dos ciudades geográficamente
dispares. Enhorabuena.
Jacob McMurray
Seattle, EUA, julio de 2007

Pasado reciente y presente del cartel cubano
El pasado remoto del cartel cubano—períodos colonial y republicano—permanece
olvidado y, por la inexistencia de una historiografía del mismo,
muchos suponen que el único momento interesante de esta expresión es
el denominado “período de oro”, que se desarrolló desde mediados de
los años sesenta hasta mediados de los setenta del pasado siglo. Fue
cuando, la urgencia movilizadora de la joven Revolución, le dio una
importancia enorme a la propaganda gráfica; entonces el cartel se
convirtió en un sector privilegiado de las artes visuales, tanto,
que mereció el calificativo de “el arte de la Revolución”.
Luego el agotamiento de los temas, la limitación de los recursos
técnicos, la emigración y el cambio de perfil profesional de muchos
cartelistas, afectaron sustancialmente la generación de carteles y,
no sólo, pues ellos eran parte de todo un sistema gráfico que
conformó incluso verdaderas campañas comunicativas de gran aliento y
proyección. Consideremos también como—ulteriormente—la crisis
económica que se originó a en los años noventa hizo decaer aún más
la calidad y cantidad de los carteles; se llegó así al punto en que
nos encontramos. Hoy, la mayoría de éstos—por lo limitado de sus
ediciones y los lugares de ubicación—constituyen piezas de cámara,
no de calle; además, los trabajos de mayor calidad se deben a
jóvenes egresados del Instituto Superior de Diseño Industrial (
I.S.D.I ) que los realizan, sólo eventualmente, a manera de
respuesta a solicitudes de instituciones culturales o a
convocatorias de certámenes, como los que organiza el Comité
Prográfica Cubana, que integran los diseñadores más prestigiosos del
país.
También existe una tendencia a generar carteles únicos, concebidos
especialmente para exposiciones que, por transmitir mensajes muy
personales de sus creadores y por su destino—las galerías de arte—,
podrían considerarse como ejemplos de una nueva disciplina artística;
en ellos se patentizan variados contenidos y cuestionamientos a
espinosas circunstancias económicas y sociales, asuntos poco comunes
en la gráfica institucional.
Estas obras con frecuencia resultan polisémicas, rasgo que
caracteriza todo el llamado “nuevo arte cubano”; curiosamente,
aunque se conciban digitalmente, asumen con preferencia la estética
que caracterizó a los carteles que, en los primeros años de la
Revolución, se producían con técnica serigráfica artesanal: colores
de aplicación plana, en gama limitada y contrastante, bordes duros,
tipografía simple, apego al símbolo. Esto parece indicar que, luego
de un período de deslumbramiento, experimentación y sondeo dentro de
lo que aportan las nuevas tecnologías, nuestros diseñadores han
comprendido la validez, como elemento identitario, de lo definido en
aquel pasado reciente y se empeñan hoy en recuperarlo.
Pedro Contreras Suárez.
La Habana, mayo del 2006.

Una nueva oportunidad para el cartel cubano actual
De nada vale lamentarse que los tiempos gloriosos del cartel cubano—la llamada
"era dorada" de los anhos 60 y 70—sean ahora apenas una referencia
histórica y no hayan tenido la continuidad que merecían. Muchas
cosas sucedieron en Cuba y en el mundo por las que el cartel perdió
protagonismo como pieza de comunicación en los espacios públicos.
Los carteles cubanos de hoy no son "un grito en la pared" (como los
definía un viejo maestro) sino un comentario, una voz necesaria en
el diálogo múltiple de la cultura contemporánea. Las circunstancias
económicas, junto a la nada escasa ignorancia conque muchos
directivos se enfrentan a los procesos de comunicación, lo han ido
reduciendo a esa modesta función, que sin embargo debemos defender.
Algo hemos logrado en los últimos 10 anhos y esta exposición es
muestra de ello.
No he estado jamás en Seattle, las ciudades que conozco de los EE.UU.
son de la costa este o del centro, así que ni siquiera me he
acercado a la vida, a las calles, a los habitantes de su ciudad.
Ignoro cuánto tenemos en común, pero al parecer la pasión de algunos
artistas gráficos de Seattle y de La Habana por el cartel resulta
ser algo que nos une fuertemente.
Es probable que The Seattle-Havana Poster Show sea la primera
exposición de carteles entre dos ciudades de los EE.UU. y de Cuba.
Debemos estar orgullosos de eso, y debemos agradecer a Daniel Smith
y a sus colegas y amigos su tremenda energía para convertir lo que
fue hace varios meses una simple conversación en la realidad que hoy
el público de Seattle puede disfrutar. Más adelante el público de La
Habana podrá hacer lo mismo.
Poder poner nuestros carteles junto a los de los disenhadores y
artistas de Seattle es una valiosa oportunidad para los disenhadores
cubanos. Me tomo la libertad de hablar aquí a nombre de ellos, con
gran respeto además por un maestro como Munhoz Bachs, a quien todos
admiramos enormemente. Al compartir con el público y con los colegas
de Seattle nuestras visiones, nuestras experiencias en la serigrafía
y nuestros modos de expresarnos, estamos contribuyendo a romper
estereotipos, prejuicios y limitaciones que nos separan mucho más
que los miles de kilómetros de distancia geográfica entre las dos
ciudades.
Pepe Menéndez
La Habana, julio de 2007
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